Aprender a correr es como conducir un coche
Por Chema Martínez Pastor
Cómo me gusta correr.
De la manera que sea. Con un dorsal en el bosque de la Casa de Campo, echando series en una pista o, simplemente trotando.
Pero también me gusta mucho entrenar.
Y dirás, pero es lo mismo, ¿no? Pues sí, pero no. Como sabes, hace poco más de un año empezamos en A tu Ritmo con una sección destinada a quienes quisieran profundizar más en la temática del entrenamiento. Se llama, en un alarde de originalidad, Escuela de Entrenamiento.
Entrenar se hace corriendo. Pero no es lo mismo, necesariamente. Para mí, la diferencia es que se puede correr simplemente por correr, con todos sus beneficios, pero sin hacerse muchas preguntas ni aprender nada más que esas sensaciones positivas que nos produce.
Pero entrenar tiene que ser otra cosa. Hay quien quiere profundizar más en esta afición. Es como si te gustan los coches. Puedes simplemente disfrutar mirándolos o viendo carreras. Pero también puedes leer, ver vídeos… informarte de cómo funcionan por dentro, de la física que les hace avanzar. De la tecnología que hay detrás.
(deja el símil de los coches ahí aparcado -¡toma juego de palabras!-, que ahora vuelvo a por él)
Pues entrenar va un poco de eso. De usar la afición por el deporte para aprender más de lo que hay por dentro. Para aprender cómo funciona nuestro cuerpo. De cómo hacer ciertas cosas nos provoca ciertas reacciones o cambios. En rendimiento, en aspecto físico o a nivel emocional.
Por eso no me gusta cuando centramos el entrenamiento en el Excel, en los datos que nos da Training Peaks, en los umbrales o en los mg que tenemos que ingerir en geles para que no nos dé bajón en carrera. Tenemos exceso de datos en nuestra muñeca pero carecemos de ellos en nuestra cabeza.
He visto gente salir de casa sin paraguas porque su iPhone decía que no iba a llover, mientras que por la ventana podían verse las gotas de agua caer. Nos fiamos más de los algoritmos que de lo que perciben nuestros sentidos. Desde que almacenamos números de teléfono en el propio teléfono, hemos dejado de almacenarlos en nuestra cabeza. Y eso nos hace tener peor memoria, en general.
Una de las cosas más maravillosas que pueden pasarnos al entrenar es que seamos capaces de reconocer el nivel de esfuerzo o la velocidad a la que corremos simplemente con las sensaciones que percibe nuestro cuerpo. Que no tengamos que mirar el reloj para saber si estamos yendo al ritmo adecuado.
Arranca, que vuelvo a lo de los coches. Acaso cuando conduces, ¿no puedes más o menos saber si en esa recta interminable vas a los 120 kms/h marcados o si por el contrario estás yendo demasiado deprisa? ¿Y cómo lo sabes? Pues lo sabes porque inconscientemente tu cabeza ha aprendido que a 120 las cosas pasan a determinada velocidad a tu lado. Que el coche suena de determinada manera. Es decir, has asimilado información externa a determinada situación interna o de “rendimiento” del coche.
Con las horas que pasamos corriendo, deberíamos saber cada vez con más fiabilidad si las sensaciones que notamos interna y externamente corresponden con ese rendimiento que queremos conseguir. Y si no lo hacemos es porque miramos demasiado el reloj. Por supuesto, hay muchos condicionantes: tu estado de forma cambia, el trazado por el que corres, tu motivación en ese momento…
Pero más o menos, deberías ser capaz de asignarte una intensidad de entrenamiento sin mirar el reloj y fallar poco, basándote más que nada en lo que notas por dentro, por la cadencia y el ritmo de tus pasos y, un poquito, con lo que ves a tu alrededor.
Al menos a mí, cuando lo consigo, me hace sentir bien. Te invito a que lo pruebes. Así, si un día te falla tu reloj tendrás recursos para cumplir con tus objetivos. Y encima, te divertirás haciéndolo.
Por eso es tan importante, en entrenamientos específicos, los días de entrenamiento de ritmo de carrera. No sólo es que enseñes a tu cuerpo a ser eficiente en esos ritmos, sino que además estás interiorizándolos, haciéndolos tuyos. Todo fluirá.
Bueno, os dejo que en un rato me llama Luis para grabar el programa del lunes que viene. Una pista: va de caminos, pistas forestales y pedrolos ;)
¡A disfrutar del fin de semana y sus kilómetros!



